Cuando una corre, son más los que quieren perseguir, es un hecho. Corro, me escondo, trato de andar de incógnito por la vida, pero me encuentran. No, no estoy hablando de los papparazzi, que aún no me persiguen, porque las editoriales son demasiado importantes para ponerse en contacto con migo a pesar de mis llamadas y e-mails.

Hablo de esos caSadores furtivos, los que andan con el frac en el maletín y el anillo listo para atraparnos ; aquellos individuos que en algún momento de la vida nos apetecen, y llegan cuando ya no nos interesa. La perseverancia, defecto aumentado en estos especímenes, acompañada de una completa falta de dignidad. Que no te agregué al msn, que ya para de revisar mis fotos del facebook, pero nada. Tal vez se alimentan del rechazo constante, hacen fotosíntesis en la oscuridad, y ya sabemos cómo terminan esas pobres plantas, enredadas en el techo siguiendo la puntita de luz que resulta ser el reflejo de una estrella moribunda de hace 45mil millones de años. Nada alentador.

El destino es cruel y nos juega malas pasadas; está bien, después de la sequía llegan las inundaciones, pero todos sabemos que hay un "en medio" donde todo está equilibrado, llueve un poco, se moja, salen plantas, sale el sol, llega la inundación y sabemos que fue como mucho. Con el agua hasta el cuello nadamos buscando tierra segura, y aparecen los tiburones, con sus dientes blancos y sus rosas bajo la aleta, huelen nuestro perfume a mil kilómetros de distancia y tienen la capacidad de emboscarnos mientras nos creemos seguras en la superficie. Nadar más rápido sólo empeora las cosas, ya que suelen confundirnos con su presa favorita, y ya se les quitan las ganas de averiguar si somos o no, mandan el mordisco a ciegas, o ,no mejor, nos llaman con sus cantos imitadores de ballenas que suenan más como gritos de demonios de tazmania alimentados con yoghurt diet y galletas de agua.

Cuando ya nos pensabamos a salvo de tales seres hambrientos, llega el peor de los demás, los Don Juan, que de tan hambrientos que se encuentran no saben hacer distinciones, ya sea que nademos, corramos o nos estemos quietecitas debajo de una piedra o escondidas en una cueva volcánica. Te encuentran,  te dan cacería, y como el resto de sus semejantes, aman el deporte: mientras más escurridiza la presa, más facinante les parece, cosa que todos ellos tienen en común. Su ventaja evolutiva: colores llamativos, alas doradas y una aureola cegadora. Algunas no nos dejamos engañar, y somos las que más peligro corremos.

¿Y quienes son los culpables de tales mutaciones hambrientas? los ratones por su puesto. Los ratones vienen y van, , se escabullen,callados, toman lo que pueden, pero dejan un desastre a su paso. Vasos rotos, cartas despezadas, muros golpeados, déficit de pañuelos desechables en los negocios más cercanos. ¿y por qué preferimos a los ratones? es un misterio de la humanidad. Los ratones tienen sus defectos, pero la virtud que creo que nos hace amarlos es la falta total y desesperante de interés. Y el circo se repite al otro lado del espejo, los ratones siempre serán las presas. Lo dice una ratona de cola larga.